Caracas, año 2003, con la maleta hecha, el billete comprado y la decisión tomada de venirme a vivir a España, decido despedirme de mi montaña favorita, el Ávila, quizás el único lugar donde podías sentirte seguro dentro de una ciudad infernal. La descubrí de pequeño con mis tíos Alfredo y Luciano y visitarla semanalmente era una aventura increíble, un lugar de paz, de aire puro, de barro y arcilla en los zapatos, un lugar lleno de gente hablando consigo misma, con su propio yo. Cada quien tenía su ruta favorita, dependiendo de donde vivías te gustaba mas subir por alguno de sus lugares especiales, el mío era Sabas Nieves donde pasábamos muchos domingos.
Una vez descubrí la ruta del Pico Oriental de la Silla de Caracas, me fascinó tanto que al llegar a casa hice un mapa de memoria de los puntos de referencia de la ruta y mi tío Luciano preguntaba de donde lo había copiado. Era maravilloso planificar de vez en cuando una subida al Pico Oriental, me encantaba compartirlo con amigos y hasta extraños que encontraba en la ruta, como si tuviéramos un secreto en común, un escondite para huir del caos. Desde allí arriba, junto a la Cruz de los Palmeros se ve Caracas desde el cielo, en silencio y tranquila como si el tiempo se detuviera. Momento único para pensar en lo difícil del camino y la satisfacción de llegar a la cima.
Esa mañana, me levanté muy temprano, iba a ser un día largo de despedidas familiares por nuestro inminente viaje con billete solo de ida. Nada ni nadie me detendría con mi ritual de despedida, ni siquiera la cancelación del paseo por parte de varios amigos por motivos personales y/o salud, no me importó, cuando puse un pie es el parque nacional no había vuelta atrás.
El ascenso
Comenzó el ascenso, con gasolina extra en el cuerpo por la motivación y lo que significaba ese viaje al cielo, llegue a Sabas Nieves antes de lo previsto donde me refresqué y cargue todo el peso disponible de mi mochila con agua, pues para los que no lo saben, es allí el último punto donde hay fuente de manantial para beber agua, seguí el ascenso mas rápido de lo que debía, la euforia comenzó a apoderarse de mi, quería dejar grabado cada metro del camino, cada piedra y cada árbol en mi mente, el calor apretaba ese día por lo que el agua se comenzó a gastar antes de lo previsto, el cansancio se presentó pero mi cabezo ordenaba seguir adelante, a cualquier precio. Las paradas eran cortas y la reposición también, llegue al asiento de la Silla echo polvo, no podía mas, nunca había hecho esos tiempos, rompí todos mis records personales de subida, pero ya no podía mas, me senté en el suelo y lloré, pensé que había fracasado, me aterraba pensar que no pudiera volver a subir allí nunca mas y no lo había logrado.
El error
La rabia se apoderó de mi, así que confundiendo rabia con fuerza comencé a caminar nuevamente, paso a paso, agoté la última gota de agua que tenía, y me dio igual, seguí avanzando por la pequeña senda de escalones de piedra y me repetía a mi mismo que si podía, que no iba a fracasar sin saber que ya lo había hecho.
Casi arrastrando los pies llegue a la cima, me senté en una piedra y llame a mi mujer, le avisé de mi hazaña llorando y me quedé en silencio, pensando en lo que había logrado, lo duro que había sido y lo contento que estaba de haberme podido despedir a mi manera de aquel lugar, aun escribiendo estas líneas lo recuerdo con detalle, y también recuerdo del momento en el que me levanté para iniciar el descenso, desidratado, cansado y dolorido, los músculos de mis piernas quemaban cada vez que daba un paso, las rodillas me iban a estallar, cada paso que daba era un latigazo de castigo por la tremenda idiotez que había cometido, puse en peligro mi salud y mi vida por conseguir algo que me obsesionaba, el descenso de la Silla de Caracas aquel día fue el camino mas largo de toda mi vida.
Aprender
Himalaya, arista sudeste del monte Everest, mi amigo Juanjo ataca la cima del monte mas alto del mundo, sin oxigeno, acompañado de un sherpa que lo guía, el clima no está de su parte, el viento helado es mas fuerte de lo que se pensaba, las fuerzas se agotan. Quedan pocos metros para cumplir un sueño, de meses de entrenamiento, de dinero invertido personal y por parte de patrocinantes que le empujan a dar un paso mas, la obsesión se apodera por un instante de él y encontrando un pequeño respiro con el oxigeno de su sherpa avanza emocionado, pensando que lo logrará, el sherpa le grita que no lo haga, que es tiempo de dar marcha atrás. Así fue, supongo que habrá dado un último vistazo a su meta y habrá suspirado dando su primer paso de vuelta al campo base, pero también estoy seguro que los siguientes pasos estuvieron dedicados a su gente, su familia, sus amigos y a el mismo, por eso hoy está aquí con nosotros enseñándonos una bella lección:
"La cima es tan solo la mitad del camino"
"Parar y dar marcha atrás no es un fracaso, es vencer una obsesión para poder iniciar el camino hacia un nuevo sueño"
"En la vida cotidiana a veces debemos aprender a parar a tiempo, cuando queremos llegar a un objetivo debemos recordar que hasta en la montaña mas alta y mas difícil del mundo hay varias rutas por las cuales podremos alcanzarlo en otra oportunidad"
@pfmacias


Estupendo artículo Pedro! completamente de acuerdo, una retirada a tiempo es también una VICTORIA! Gracias por hacernos partícipes de tus recuerdos. Bss
ResponderEliminarGracias por tu comentario, me alegro que te gusten estas aventuras...
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