miércoles, 12 de junio de 2013

20 MINUTOS

"20 minutos es el tiempo necesario para atarse los cordones de las botas a mas de 8.000 metros sobre el nivel del mar" me dice mi amigo Juanjo el alpinista y aventurero del que les hablé en mi anterior entrada. La llamada "Zona de la muerte" es la zona que se encuentra por encima de los 7.500 metros,  los escaladores que se encuentran a punto de alcanzar la cima de un ochomil, deben respirar unas 15 veces para poder caminar un solo paso. Cuando los alpinistas alcanzan la cumbre del Monte Everest, tras entre 8 y 12 horas de caminata pueden llegar a gastar entre 12.000 y 15.000 calorías. Esto sería unas diez veces lo que quema el cuerpo en un día normal. 

Según el médico suizo Edouard Wyss-Dunant en 1953 determinó que adentrarse en esta zona era comenzar una cuenta regresiva hasta morir, ya que es imposible que el cuerpo humano se aclimate en esas condiciones ambientales (temperatura extrema, y un tercio del oxigeno que necesitamos para sustentar la vida, entre otros factores)

¿Por qué?

¿Por qué arriesgar la vida por poner los pies en una cumbre vacía e inhóspita?

¿Por qué sufrir el frío extremo y la falta de oxigeno para ver las mismas vistas que podríamos ver desde un avión por mucho menos dinero?

La respuesta es, por conseguir un sueño, por vencerte a ti mismo, por ganar la lucha entre tú y el otro tú que quiere estar echado en el sofá sin hacer nada. Una pelea encarnizada entre ese que ordena a sus pies dar un paso más y el otro que te coge y te frena para volver. Una batalla épica del que te dice que en la cumbre solo hay piedras, hielo y nieve fría, incolora y con sabor a dolor, y ese otro que te dice que justo allí está todo el calor que te arropa, que se ha acumulado en cada paso, unas vistas llenas de color, el color de los rostros de tu familia y amigos que están pensando en ti, el olor a vida y el sabor a gloria. Solo quienes han podido vencer a ese otro yo son los que han logrado su meta.

Lunes, 7:00 a.m. suena el despertador, me levanto y me doy una ducha de agua tibia, 22 ºC en Valencia, soleado y clima agradable, despierto a mi hijo y nos alistamos, 35 segundos me ha costado ponerme los zapatos, salimos al mundo. Llevamos 4 años de crisis que han intentado acabar con nuestro trabajo, un pequeño negocio familiar, 4 años sin vacaciones, con los mínimos días libres que van poco a poco pesando en la espalda, sin descanso, con ganas de abandonar, de decir ya no puedo mas, mirando con la mirada perdida la calle sin color, silencio frío como hielo, una semana dura como las rocas del Everest y un "yo" que te sujeta con fuerza frenándote, no hagas nada mas me dice, abandona, me grita. Así como en la "Zona de la muerte" se agotan las ideas, se te congelan las ganas, así como un escalador del Everest pero a pleno nivel del mar, con total oxigeno, así pues recuerdo a mi amigo Juanjo, recuerdo sus palabras y comienzo a luchar, me voy quitando peso, me voy llenado de oxigeno y avanzo, paso a paso, cada vez con mas fuerza, con mas ánimo y con mas ganas de salir de mi "Zona de la muerte" personal, esa que tenemos cada uno de nosotros dentro, unos mas y otros menos.

No existe diferencia, siempre y cuando luchemos por nuestro sueño y por nuestra meta con convicción ya sea para ir a trabajar, para aprobar un examen o para subir a la cima de una montaña, cuesta lo mismo atarse los zapatos a la altura que estés porque quien desea atar tus zapatos para seguir caminando es tu fuerza de voluntad.

@pfmacias

3 comentarios:

  1. Buenísimo Perro...El riesgo hay que correrlo siempre, aunque nos de temor y dejar las cargas pesadas atrás para llegar a la cumbre, esa fuerza de voluntad como bien lo denotas, es tu chamo quien te da el oxigeno necesario para alcanzar los 8000 msnm.

    hay un dicho de Jose Antonio Delgado, quien fue un montañista Venezolano con record en cumbres de más de 8000msnm quien pereció en el Nanga Parbat que dice así: "cada quien tiene su everett"

    ¿hasta dónde estás dispuesto a llegar tu?

    Eso es parte de tu voluntad....

    Saludos

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  2. Asi es John, un abrazo, gracias por tu comentario

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