viernes, 12 de abril de 2013

Un agujero en la suela

  Hoy voy a contar una historia conmovedora, la de una señora de 75 años que ha venido a mi tienda para preparar unas bolsitas de bombones que regalará en sus "Bodas de Oro" una conversación corta pero enriquecedora, de las que te dejan sentado pensando en las pruebas y señales que te da la vida para espabilar un poco.
50 años de casados debe de ser producto de 2 cosas, o un martirio espeluznante que no ha podido finalizar por el "que dirán" habitual hace 50 años o por el contrario la recompensa de poder estar junto a la persona que amas toda tu vida, juntos, en lo bueno y en lo malo. Charlando con esta señora, mientras preparaba su pedido no pude evitar el darle la enhorabuena por su acontecimiento y decirle que debe de ser muy bonito poder vivir esa experiencia. Entonces me responde de la siguiente manera:
-Si mi marido me pidiera casarme con él mañana, me volvería a casar sin dudarlo, porque después de 50 años que cosas pueden pasar de las que no hayamos pasado y salido ya? -Me dice- Problemas? Los he tenido todos, alegrías? también, y crisis, que no te voy a contar yo de crisis, si siempre hemos estado en crisis.
Lo que está ocurriendo hoy en día no es una crisis, lo que ocurre hoy en día es una mezcla de sinverguenzas y apatía, por ambos lados, sinverguenzas en el gobierno que sólo quieren chupar y enriquecerse y sinverguenzas que no quieren trabajar hasta que venga alguien para ayudarlos, y a su vez apatía de algunos políticos a dar un golpe en la mesa y acabar con esto de una vez, y apatía también en la gente que no exige que esto acabe. 
Mi hijo, de 40 años se ha quedado sin trabajo y me ha pedido ayuda para mantenerse y para mantener a mis nietos. Lo estoy ayudando, cómo no lo voy a ayudar, si es mi hijo, pero eso si, no lo estoy manteniendo, se lo he dejado muy claro, si a el o a mis nietos les falta algo indispensable, se lo compro, si no es indispensable no. Mi marido hace 50 años trabajaba 14 o 15 horas al dia, sin parar, eran tiempos muy duros y escaseaban muchas cosas, la comida era un regalo de Dios y las cosas se cuidaban. 
Una vez, se le hizo un agujero en la suela del zapato, era su único par, y mientras el zapatero lo arreglaba, mi cuñado le dejaba un par de zapatos para poder ir a trabajar, lo malo es que mi cuñado calzaba 4 numeros mas que mi marido y se le salían los zapatos al caminar, pero no importaba, cada paso incomodo con un par de zapatos prestados era un triunfo para poder traer el pan a casa, se hacía lo que hiciera falta para conseguir trabajo, para algo indispensable, la comida y el abrigo, lo demás daba igual.
Hoy en día veo a los jóvenes detrás de un ordenador esperando a que alguien les traiga el trabajo a casa, les veo tristes si no pueden comprar el último móvil o el pantalón a juego y lo peor es que los veo descartando trabajos que supuestamente no están a su nivel.
A mi hijo le he dejado muy claro que el dia que deje de luchar o de buscar un trabajo ese dia no le compraré ni una barra de pan. Yo luche por el, y el debe luchar por sus hijos, le he dicho que el tiene mas ventajas que nosotros, ya que tiene 8 pares de zapatos y su padre solo tenía 1, aun tiene crédito para caminar bastante hasta que los pierda por culpa de un agujero.